El rey de las ratas, del alemán Rattenkönig, se refiere al extraño fenómeno —aún no enteramente comprendido— del entrelazamiento de las colas de las ratas. Una teoría apunta a que puede ser dado que un gran número de ellas vive en un espacio muy limitado, y causa de la sangre y las heces, sus colas se enredan para no volver jamás a separarse, con el resultado de la muerte de las ratas.
Este rey es un generador de poder, subyugando a las demás ratas que no forman parte de la colonia a que les abastezcan de comida, por ejemplo. La multiplicidad es la constante en nuestro mundo, y el rey de las ratas es un ejemplo de ello. No deja de ser en el sentido estricto una manera de producir nuevas formas de vida y pensamiento. Mas en esta ocasión la multiplicidad deviene muerte. En un cierto sentido esta estructura se puede entender como una multiplicidad que deviene árbol, en tanto que si bien son uno y son muchos, ejercen el poder de manera vertical. El Rattenkönig representa, en esta línea, una fuerza destructiva.
La desestabilización del estado normal de las cosas, la muchedumbre y las heces, son el aglomerado perfecto para le creación de núcleos de fuerza que devengan en una multiplicidad tóxica, una forma de fascismo indisciplinario que mas que organizar y reforzar la unidad, centraliza esfuerzos en llegar a la muerte. Como una suerte de sinergia cognitiva que no resulta en nada más que la fatalidad. La multiplicidad es una bendita maldición, atractor extraño que, dada su evidente naturaleza, actúa de tal manera que desestabiliza toda la organidad del socius, provocando un estado de caos impredecible en sí mismo, generándose un sistema dinámico complejo y en constante cambio. Esta complejidad puede ser vista o bien como un algo a tener en cuenta o evitar, o un llamamiento a la desestabilización, a la derrota de lo uno y lo múltiple; ser cada uno un rey, declararle la guerra a los órganos, como se hizo aquél 28 de Noviembre de 1947. No deje nunca de hacerse.
El ser es encuentra en al mierda y el Rey de las Ratas, símbolo animal, rey anarquista, es el mejor ejemplo de ello. Aquí la belleza es maldad, y su territorio es la pestilencia. Y ahora están en la mano de uno el querer ser parte de mugre y la mierda o provocar tempestades contra los sucios enraizamientos del Rey de las Ratas. Rige en el submundo, donde el sol no penetra y la oscuridad se cierne sobre el hedor de la muerte; donde el tiempo lo rigen los relojes. Allí se encuentra el ser, uno y muchos, inmerso en el fango y en la podredumbre. La masa informe que es ha logrado encontrar su lugar en su propia mierda y seguirá así para hacer que las demás ratas lo encuentre agradable de la misma forma.