sábado, 15 de abril de 2023

De Arte Poética. Mare Magnum de lo porvenir.

1.- De Ars Poëtica

    El arte de nuestro tiempo no pertenece a nuestro tiempo. El arte de nuestro tiempo lleva un siglo estancado. No se crea desde hace cerca de cien años. La imitación impera por encima de la creación. El arte, ahora, no es arte. El arte de hoy es copia. El arte de hoy debería ser otra cosa. Qué la diégesis se abra paso frente a la mímesis platoniana, a la sensiblería del Movimiento Moderno y al esnobismo Ilustrado. ¡Acaben con los Renacimientos! Y con esto no quiero sentenciar nada, no quiero decir, ni mucho menos, que llevemos cerca de 2000 años de arte falso. No. Y no soy el primero, todo hay que decirlo —seguramente no sea tampoco el último— en afirmar estas cosas; y estas mis palabras se repitan por mucho tiempo de esta o aquella manera.

    Apollinaire es uno de ellos, van Doesburg, los dadaístas —se podría generalizar en las Vanguardias, probablemente. Ellos se acercaron, rozaron en cierto modo, una creación artística como yo la entiendo. En este sentido puede comprenderse que su arte fuera tachado de "degenerado", puesto que no pertenecía a su tiempo, sino al nuestro y al siguiente. O por lo menos, parte de él. Y aquí no hablamos de Historia, ni de consecuencias; sino de arte y creación poética. Y algo debería ser hecho en este respecto. No pretendo yo venir a manifestar, hacer manifiesto: escribir un tratado, a fin de cuentas —déjenle eso a los tratadistas, a los teóricos y los escribanos, pues yo soy hombre de vida, de arte, arte por el que vivo y por el que seguiré viviendo. Y por eso me veo en la necesidad —porque quiero creer en el arte como creo en Dios— de hacer, pensar y habitar en el arte. 

    Se habló (Heidegger—Hölderlin) de la poética de un habitar («Poéticamente, el hombre habita...»), y en este aspecto se comprende cómo la especificidad de la arquitectura como un sistema de representación y reproducción de la experiencia se hace así mismo un lienzo del arte primordial para lo que aquí se propone. No pretendo hacer logía del arte ni de la poética, ni mucho menos; pretendo como mínimo mantenerme en mí y en mí mismo en cuanto a estos menesteres y no hacer sobre-entendimientos innecesarios respecto de ninguno de los dos. Qué es lo quiero dar a entender con mis palabras aquí plasmadas es lo que procuro buscar en el camino. 

Como primer axioma de mi propósito, y en relación de las afirmaciones iniciales, se dará por sentado la relatividad negativa del arte, su nula definición y escaso interés por querer siquiera, no solo conocerlo, sino tan solo querer saber de él. El arte a día de hoy es reducido a mera técnica, el arte a día de hoy es cualquier cosa, cualquier garabato, utensilio, joya, bulto, hueco, ausencia; cierto es que se preguntan: ¿Verdaderamente esto se trata de arte? cuando ven algún bulto o ausencia —o bulto ausencioso, incluso alguna ausencia abultante, probablemente— les extraña, normalmente acompañado de teoría (algún trataducho, texto con sostenencias conceptuales sin mucha carne), el arte o la técnica que ven. Pero lejos de intentar saber qué es verdaderamente el arte —o ese arte, tal vez— se contentan con afirmar si esa cosa les agrada o no, sin tener demasiado interés realmente en si lo que pensaron, o intentaron pensar, al respecto es siquiera del más mínimo interés. Luego da el lugar de puristas, puristas del arte, antiguamente llamados conservadores, tradicionalistas del arte (de la mano de rancias ideas políticas), los cuales creen defender grandes principios, cuando son simplemente unos nostálgicos renacentistas que hacen lo mismo por el arte que una fábrica de cubertería; absolutamente nada. Unos no piensan nada en el arte y los otros elaboran pensamientos inútiles para el arte de nuestro tiempo. Renacer una vez más para el arte no es solo estúpido, sino innecesario y superfluo sin relevancia en ningún aspecto.

    Lo que hacen de cierta manera decentemente los puretas tradicionalistas del arte es en apuntar a la arquitectura como un punto de inflexión crucial, fundamental si cabe, en cuanto al arte y la poética. El espacio entendido en el arte no es que sea un tema ignorado en la esfera académica o intelectual, ni mucho menos, no vengo a redescubrir absolutamente nada. Aunque un tema menos tratado es la poética de los espacios, entendido en un sentido puramente artístico; sin hablar de filosofías de la ciencia, psicologías ni idioteces varías para hombre faltos de espíritu. No. Una estética —por ende, eminentemente poética— del espacio como arte. Una arquitectura poética. Porque hablamos de arte, arte como creación; diégesis y no mímesis, la acción realizada en un espacio, en un tiempo (intensidad) que corresponde a cero. El espacio en el arte debe ser entendido como una meseta, bulto extensivo y plano; pero en el espacio del arte debe tenerse en cuenta también el espacio entre mesetas, estriado, plegado, agujereado. En cada vértice de cada meseta se extienden puntos de fuga que bien, si no unen todos con todos, se queda en el intento. La fragmentaridad del espacio artístico (plano, intensivo, vaciado, plegado) hace que pueda ser entendido como arte. Todo esto comprendido en un sentido tanto trascendente como inmanente. El vacío, la rostridad del espacio, no siempre debe ser llenado, en ocasiones la capacidad expresiva no se precisa (la estatidad artística, sometimiento de las semióticas del poder). El espacio artístico es entonces un jardín en donde se reclama tanto su mantenimiento y decoración, como su contemplación y ensimismamiento. Un espacio el cual ha sido pensado, para ser construido y habitado; construido, para ser habitado y continuar con su pensamiento; y habitado para no cesar su construcción y siga su pensamiento. En este sentido,  la tríada dialéctica se entiende sin privilegiar ningún momento como último ni como primero en cual sea sentido, y, precisamente por esta interrelación (proyección: Pensar, Habitar, Construir) que la arquitectura puede ser poética (ampliar con Poética y arquitectura: una lectura de la arquitectura postmoderna - Josep Muntañola).

    En esta poética arquitectónica o arquitectura poética, lo que se debe de tener en cuenta es que la semiótica se nos brinda como el significado de una imagen; imagen-tiempo. Deleuze entiende el arte como una forma propia de producir pensamiento, lo cual se puede ligar a lo aquí presente, atañido por los agenciamientos, composiciones, etc, que se conforman en ese pensar. Aquí la arquitectura se encuentra con el cine y con el teatro. Estos tres soportes se identifican en cuanto que proyectan espacios y conviven con la acción, son generadores de vivencia poética (en este respecto dejamos de lado la poesía y la literatura puesto que las considero experiencias, o vivencias más bien, sustancialmente diferentes que las que podemos encontrar en relación al espacio y daría lugar a otro artículo). Proyectan en tanto que corresponden también con la triada anterior. Aceptando que son, irremediablemente, artes diferentes, comparten ciertas características complementarias; el cine corresponde al cinematógrafo (Bresson), la arquitectura al arquitecto (...) y el teatro al dramaturgo (Aristóteles; Beckett, Artaud), con el énfasis del cuerpo como edificación en el cine y el teatro, no ya un pliegue del edificio sino su propia construcción, llegando a poder formar pequeñas ciudades. No pretendo profundizar de más en la arquitectura como lienzo creativo de la producción poética. Estas tres formas de creación artísticas se entienden sin problema alguno como capaces de crear nuevas formas de percepción y pensamiento, en concreto el cine en su capacidad de crear nuevas temporalidades.

    Las intensidades poéticas y artísticas del arte tienen que devenir en una forma de creación que hoy en día está siendo perdida por completo. No es una nostalgia a las vanguardias lo que vengo proclamando, sino algo más profundo; ya apuntaban a ello los surrealistas y demás artistas, Rilke también lo menciona. El arte de los niños, la infancia. Superación de la lógica en su estado más puro. La creación por excelencia. De ello podemos verlo en las representaciones primitivas. El crear del arte, tanto pictórica como en el método que se use, se pueden entender dos maneras: creación figurativa y creación no figurativa; donde respectivamente se pueden extraer dos puntos correspondientes para cada una de estas dos formas: refiguración y configuración; desfiguración y transfiguración. Y sin importar en absoluto la secuencia temporal de la expresión artística, puede ser nombrada de una de estas maneras. De este modo la creación artística puede ser entendida conceptualmente como se puede ver en la Figura 1.

Fig. 1. — Fases del Arte. (pintura rupestre, boceto de Miró;
bodegón de Zurbarán; cadáver exquisito por Breton, Dalí y
Gala; cuadro de Rothko)

    En esta categorización no se pretende poner a unas formas de creación por encima unas de las otras, eso sería completamente contra-intuitivo, sino se pretende mostrar cuánto se puede conseguir con cada forma de mostrar, de crear arte. Los ejemplos son completamente pictóricos porque es ciertamente complicado representar un ejemplo de refiguración en, por ejemplo, el teatro, cuando en mi caso propio no conozco las suficientes obras teatrales como para poder poner un ejemplo, por lo que nos quedaremos con la pintura como ejemplificación. 

    En orden respectivo a la Figura 1, la refiguración, modo y primer momento de la creación artística tenemos (el mejor ejemplo que se puede representar de manera pictórica) al arte de la infancia y el arte rupestre; esta es la creación artística más ruda y primitiva, las primeras expresiones humanas, tanto como en la sociedad como en el individuo — aquí prevalecen el aspecto mágico, la intuición y el sentimiento sobre la técnica y el conocimiento. Un ejemplo no infantil de este arte podría ser los dibujos de los surrealista como Joan Miró o el cubismo sintético de Picasso. La configuración es la fotografía, pero la fotografía per se, lo fotográfico; comprendido en cuanto que la representación por configuración, la creación configurada del arte, se entiende tanto cuando realidad natural, la sensitiva, es tenida como modelo, tal como son percibidos por nuestros sentidos de la manera más común. El arte como copia. Aquí el arte no puede prescindir de la realidad para ser realizado. Esta definición no quiere decir ni mucho menos que la fotografía como expresión artística no pueda ser otra cosa que configuración, aunque no se aleja demasiado dada su propia naturaleza. La desfiguración es el comienzo en el verdadero viaje artístico, un paso en el juego del arte como creación —no ya un rito iniciático como antes vimos en el arte de los niños o en las pinturas rupestres en cuanto a la humanidad— donde se va vislumbrando el genio del artista como hacedor, donde se cubica y donde se transforma la figura, donde se moldea, donde entra el automatismo y el ejercicio esquizofrénico de la creación; en este arte se encuentra la cultura, la religión, la moral, la política... la desfiguración es clave para poder entender la verdadera poética del arte porque es su punto de partida. Aquí se extienden las intensidades hacia nuevas maneras de creación artística. La trasnfiguración artística es la Poesía — se presenta un matiz de luz, sapiencial, hermético, la recuperación total de lo originario. Esto se alcanza mediante el sueño, la claridad intuitiva y la añoranza de lo suprarreal, en definitiva, la verdad hecha creación. Una experiencia, así como tan o más importante que inspiración, sumergida en una oscuridad fogosa de hermeticidad. Esta fase del arte es la más sublime y peormente calificable de todas, dado que depende completa y sustancialmente de la propia llama interna de cada uno en cuando que vive conjunto de la propia harmonía que le dicte la sinfonía del universo, como pudiera decir el Maestro de aquella novela inconclusa de Novalis.